Familia loft, anorexia y bulimia


Familia loft y trastornos alimentarios
Por la Lic. Laura E. Billiet. 
Lic. en Psicología, Especialista en Psicosomática.
Resumen del articulo publicado en www.diproredcongresos.8m.com/Laura%20Billet.htm  



En los últimos años, pre-púberes, adolescentes y adultos experimentan profundos cambios en las maneras de vivir, de mirar a los demás, y mirarse al espejo a sí mismos. Las últimas décadas vienen reflejando una gran preocupación por cambiar el esquema corporal o dar lugar a otros conceptos estéticos. Hombres y mujeres, adolescentes y adultos, se ven influidos los unos por los otros. Es cierto que la adolescente pasa por su particular época, y que sus padres la de ellos. No obstante, la edad del joven le refresca al adulto de hoy, tanto sus asignaturas actuales, como las pendientes desde su juventud. De modo que, según la época recordada o negada, tendrá predominancia la envidia, la rivalidad, la simpatía, la autoridad o el autoritarismo, la sugerencia o la imposición, etc. Además, estos papás-adultos de las últimas décadas, según sus propias vicisitudes, se sentirán más o menos ubicados en la edad que tengan. 

Si volvemos a los púberes, éstos suelen ser más desenvueltos que los de "antes". Incluso, sus mismos cuerpos parecen ostentar otro tipo de desarrollo. Sin embargo, en cuanto a la sexualidad, presentan una marcada oscilación entre inhibirse o iniciarse tempranamente. Entonces, muchos tienden a comportarse entre la adultez apresurada (sobreadaptación) y la nostalgia por la dependencia infantil. Constituyen, así, los jóvenes "NI". Y en el intento por sentirse más seguros, estarán quienes se exhiban queriendo 'formar parte de', y también 'ser vidrieras' de otros de la misma edad. De modo que, hombres y mujeres, adolescentes y adultos, suelen compararse a tal punto con otros que, muchas veces, pierden la óptica de quienes o como son.

Acerquémonos, entonces, a un particular clima familiar. Cuando una mamá cotidianamente "vomita" en su hija/o los problemas íntimos con su marido y/o con los otros hijos, sin ser consciente, se le presentan varios problemas. Por un lado, que es probable que no encare más profundamente la dificultad con quien en concreto la tiene. Por ejemplo el cónyuge. Por otro, que queden desatendidas y anuladas las necesidades del hijo sobre el que se "despacha". Pero también, se borran las fronteras de los roles o lugares de mamá e hija. Esto es de crucial importancia para cuando se jactan de "ser amigos" de los hijos. Pues, lo más probable es que el joven no se sienta preparado para escuchar los problemas íntimos de alguno de sus padres, o la igualdad que desesperadamente pretende constatar uno o ambos de los progenitores. Tampoco le será lo mismo hablar con sus "pares", que con quienes esperaría que lo orienten -ahijándolo- con su mayor experiencia.

Más o menos conscientemente, la mamá puede percibir ‚este "juego", pero no lo puede detener sola. Ella misma suele haber sentido cierta orfandad de madre. Puede ser que haya tenido que salir a trabajar de chica, ocuparse de hermanos menores por la ausencia materna, o sentir mucho miedo a que la propia madre se quebrara si ella le reclamaba algo distinto. Incluso, se le puede haber transmitido que tenía que renunciar a un estudio, empleo o profesión por "el bien" de otros. Asimismo, puede haber pasado por alguna experiencia dolorosa durante el embarazo del futuro hijo que presente estos trastornos de alimentación. Pero además, es probable que alguna de las vivencias descriptas se le potencien por las vicisitudes de la generación en la que está. En las ultimas décadas se encuentran protagonizando variantes del rol femenino legado por sus progenitores. Y esto la tiene sumamente conmovida. Se encuentra consustanciada con distintas funciones y roles. Algunos de los cuales los siente como una leche que la alimenta y hace crecer en sus vínculos. Pero a otros los vive como algo que adultera, no encaja con lo nutritivo que también tiene para dar. Sin embargo, por alguna de las circunstancias mencionadas, no ha tenido más remedio que aparentar estar más armada. Y seguir adelante. Se le fue imponiendo la sensación de tener que arreglárselas por sus propios medios. En síntesis, por experiencias de su vida ha tenido que aprender a vivir aparentando ser otra. Desde chica se quedó sintiendo que debía "jugar" a ser madre de sí misma y de su propia madre. O que tenía que "jugar" a ser madre, a costa de negar otros aspectos de su ser mujer. Por rendir como "buena" mamá y esposa, se quedó exigida a seguir adelante, haciendo "como que aquí no pasa nada".

En el caso del papá, cuando éste hace de su hija/o un compinche de aventuras y/o dramas con su cónyuge (madre de sus hijos), nuevamente los roles quedan desdibujados. Y alguno de los hijos se siente llevado a posponer una y otra vez sus urgencias en función de las de su padre. Entonces, dicho hijo, siente la obligación de comprender más de lo que puede, pues, de lo contrario, suelen hacérsele velados reproches. Por ejemplo, "no ves cómo es tu madre?, o "sos un desagradecido, ¿no ves que estoy tan exigido?", o "¿qué te falta? vos no tenés en cuenta las necesidades y esfuerzos que nosotros o yo hacemos por vos". O, se le enumera lo que efectiva y materialmente se le da.

Pero, como decíamos de la mamá, el papá no la pasa bien. Más allá que trabajen uno o ambos de los progenitores, en el caso del padre‚ este suele esforzarse ante problemas cotidianos laborales, económicos. Sin embargo, es frecuente que se agregue otro sufrimiento. Es el de sentirse agobiado, el de ostentar todo lo ocupado que está, o el sacrificio que todo ello le demanda. Detrás de esta 'realidad' se encuentra un sentimiento de impotencia de su función de papá. El también parece arrastrar cierta desnutrición de padre. Es como si se dijera: ¿y ahora qué hago?, ¿cómo enfrento esto con el libreto que me legaron?. Con los años, él también se ha visto obligado a aparentar ser más fuerte de lo que se siente. Ha habido tantos cambios entre el repertorio de sus padres y el propio que no puede dejar de sentirse inseguro. No quiere quedarse atrás con los cambios protagonizados, por ejemplo en el vínculo con su cónyuge. Y sin embargo, suele sentirse perseguido por no poder sostener el equilibrio económico familiar. Pero, él también parece querer seguir adelante. "Como si aquí no pasara nada", se exige ser Otro.

Ahora bien, los hijos, con su presencia, refrescan las buenas experiencias infantiles de los papás, la solidez de modelos o enseñanzas de sus antecesores. Pero también, se potencian "viejas" heridas que no han podido cicatrizar. Ante esto, los papás de los cuales hablamos, intentan acortar distancias y dificultades. Por miedo, tratan de pasar por encima de las variadas tensiones y angustias propias de las distintas épocas del desarrollo de sus hijos. De modo que, en la alabada "amistad" que establecen con ellos, niegan la "autoridad paterna" (que no es autoritarismo) que los hijos necesitan. Pero también están renegando de la propia porción de vida que los angustia. Así, en los tiempos que corren, es frecuente que se borren las fronteras inherentes a los distintos roles de cada uno. Constituyen lo que denomino las "familias loft".

Por eso, más allá de modificaciones necesarias, podemos contemplar que ambas generaciones comparten en común tipos de vestimenta, maneras de expresarse, de exhibir la intimidad sexual, de alimentarse, de hablar del sexo contrario, etc. Cada tanto, los padres pegan unos cuantos gritos u objeciones para intentar volver las cosas a su lugar. A lo cual, muchos chicos no se quedan atrás en contestar o protestar. Sin embargo, en el clima del que hablamos, no se tarda mucho en reinstalar el clima de "pérdida de fronteras", o sea, la familia loft.

Ahora bien, es frecuente que uno de los hijos, el más "radar" de estas vicisitudes, perciba las problemáticas paternas. Tomemos como ejemplo a una hija. Ella puede hacer de "pilar" de padre o madre. Pero consideremos el caso de esta última. La niña, siendo adolescente o pre-púber clama por su necesidad de contención y guía. Pero desde chica parece haber cerrado su boca, y sólo abrirla para comer aquello que calmaba a su mamá. En el caso de mujeres adultas, estas vicisitudes tienden a reeditarse en alguna relación. Entonces, como en los tiempos "de antes o de siempre", se les refresca la sensación de tener que ser pilar de otro/s. De todos modos, en ambos casos impera la vivencia de que se carece del soporte por parte de otros. Y, entonces, como suele suceder con las frustraciones, de estas nace la hostilidad. Pero, a los papás o a la pareja también se los quiere.

¿Qué hacer con la sensación de que no se recibe de ellos "lo alimenticio" que nutre?. La vivencia que tiene esta adolescente o adulta es que priman modalidades que, más que alimentar, sólo "engordan". Entonces, 'se traga' sus rabietas.

En este sentido, el resentimiento nace de la carencia, de la frustración. Pues interpreta que uno de sus padres o hermanos se quedó con un poder, con un abastecimiento que le pertenecía y no le fue dado. Así, el posterior remordimiento se vincula simultáneamente con diversas vivencias: el amor que siente por las personas objeto de su hostilidad y resentimiento; el temor a perder el amor de sus padres; el sentir que no está a la altura de las circunstancias esperadas; la fantasía de que -su resentimiento- así como puede contribuir a la pérdida de la propia cordura, también puede dañarlos a ellos. Asimismo, el remordimiento, a nuestro entender, actúa como un freno de mano. Pues, derivado de la Pulsión de vida, amortigua la primacía de lo equivalente a la Pulsión de muerte.

Bulimia y Anorexia, ambas desean y evitan desear la comida nutricia. En el consumo de alimentos y vínculos que fundamentalmente "engordan" pero no "alimentan", ostentarán la dramática familiar. Se trata de relaciones parentales a las que se ama, pero también a las que se tiene un profundo miedo de objetar. En ambas patologías "captan" a papas agobiados por ser Otros distintos. Tanto, que ellos mismos prosiguen impidiéndose un trato más natural con sus hijos. Al estar tan perseguidos borran las fronteras con sus vástagos. Y aquello que iba a ser nutricio sólo puede engordarlos.

Mientras "vomitan" sus inseguridades o problemas, "expulsan" la individualidad o lugar del hijo. Es semejante a que el estomago del niño fuera una prolongación del de ellos. Queda poquito lugar para lo alimenticio con que el niño necesita nutrirse. Estas vivencias de años, se transfieren a otras relaciones con adolescentes. O prosiguen vigentes durante la adultez. Entonces, en algunos vínculos, según la cantidad y calidad, se tenderá a reproducir que -más que relaciones nutricias- solo se engordan el uno al otro.

Así, los hijos que sufren estos trastornos de alimentación suelen vivir a sus papás como "edecanes" de "cómo ser Otros" en la vida. De modo que, sintiéndose arrastrado, cada vez que el hijo logra hacer de pilar o aval de la inseguridad de uno de sus padres, se queda con la convicción de que el alimentado fue otro. Y que como ellos, a él sólo le queda seguir aparentando quién no es: Otro escondido y Otro exhibido.

A mi entender, las personas que sufren de anorexia y/o bulimia, de alguna manera, logran ser "Otros" para sus padres. Incluso, en las modificaciones de su esquema corporal creen plasmarlo. Alimentan la fantasía de haber partido. Aunque, sabemos que no muy lejos. La grasa por la que pelean, se asemeja a la una ilusión de autoabastecerse. Pero al mismo tiempo intentan renegar de ella. Con mayor o menor evidencia son adictos a la comida. Pero esta adicción representa vínculos alimenticios que -aún- no lograron ser digeridos o elaborados con mayor plenitud.

Por último, dijimos al comenzar que desde niños eran vistos como ejemplares. Ahora vemos con más claridad que lo ejemplar era ser "pilar" de sus padres. "Comer bien" o "captar pero silenciar la debilidad-desnutrición del otro" se traducía en sinónimo de mamá/papa /pareja/ buenos y fuertes". Pero, el éxito de este "logro", simultáneamente los violenta. Por ejemplo, a la hija suele "revolverla" las alabanzas de como "comprende" o establece alianzas con sus padres. No logra digerir el cultivo de muchas ambiciones individualistas de ellos, disfrazadas de "bienestar familiar", por "el bien de todos". Su disyuntiva parece ser callar o delatar que eso no la nutre, que sólo la engorda. El trato que dispensa a su cuerpo expresa este conglomerado familiar. Por esto, le cuesta tratarlo mejor, cuidarlo más naturalmente. En sí misma expresa la esclavitud y el aborrecimiento por tener que aparentar "ser otra". Ama -frágilmente- la silueta que es. Porque en esta expresa el rechazo a la familia "for export" de la que es parte integrante.

Todos anhelan ser distintos. En los tiempos que corren, huyen de encontrarse con carencias o dificultades en los roles de papa, mamá o cónyuge. Por eso alaban y publicitan el logro de modernidad alcanzada. Esto los protege de no caer en la desintegración que suponen que estaban "los de antes". Todos se sienten agobiados y perseguidos por roles o funciones que no les salen como familiarmente siempre se publicitó o esperó. Nos encontramos con padres que temen aceptar que 'no pueden' o 'no saben'. O que se avergüenzan de los repertorios de los que carecen. En síntesis, que viven perseguidos por no calzar con lo que ellos suelen publicitar de sí mismos.


Lic. Laura E.Billiet
Psicóloga, especialidad Psicosomática.
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