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El
psicofarmacólogo Roland Griffiths, del departamento de neurociencias
de la Universidad Johns Hopkins, de Estados Unidos, investigó a
veinticinco personas que
tomaron bebidas cola y dedujo que las compañías productoras
incorporan cafeína en la fórmula no para otorgarles más sabor a los
refrescos, sino para generar una adicción moderada. El anuncio fue
publicado en la edición de agosto del Archives of
Family Medicine y generó inmediata polémica. "La
cantidad de cafeína incluida en una sola lata de bebida cola es
suficiente para producir efectos sobre el estado de ánimo y la
conducta", señalo Griffiths, mientras se defiende de las
acusaciones de los fabricantes que argumentan que las conclusiones del
estudio son muy apresuradas: "Puede parecer que veinticinco
personas son poco, pero es una muestra adecuada para suministrar
información valiosa".
El especialista en drogas legales y de abuso examinó a veinticinco
bebedores moderados de cola y encontró que sólo el 8% podía
detectar la cafeína en
concentraciones de 0,1 miligramos por mililitro, la misma proporción
que se encuentra en las dos principales marcas comerciales del mundo.
"Esto echa por tierra el argumento de que los fabricantes agregan
cafeína puramente por una cuestión de sabor", dice Griffiths.
Y agrega: "Más
bien parecería que el objetivo es generar y aprovechar la dependencia
de la cafeína para estimular el consumo". Según el
especialista, la
cantidad de cafeína aportada por dos o tres latas de refrescos
promueve una virtual dependencia física, que se pone en evidencia
mediante síntomas de abstinencia
(como cefaleas o insomnio) cuando se interrumpe bruscamente el
consumo.
"La cafeína es una droga que altera el estado de ánimo, y esto
explica que la gente consuma con mucha más avidez aquellas gaseosas
cafeinadas. En rigor, los paralelos entre la nicotina y la cafeína
son asombrosos", puntualiza Griffiths.
Los peligros de la adicción
En Estados
Unidos, la producción de gaseosas se multiplicó por nueve en la última
mitad del siglo y se duplicó desde 1975. Los críticos denuncian que
el consumo excesivo puede generar efectos perjudiciales para la salud,
contribuyendo con el incremento en las tasas de obesidad, el déficit
de calcio, la incidencia de caries e incluso la epidemia de males cardíacos.
Griffiths
está preocupado sobre todo por los efectos que estas bebidas pueden
tener en los niños. "El síndrome de abstinencia puede afectar
la manera en que
se desenvuelven, y los fabricantes ya apuntaron a ellos en sus
estrategias de marketing", explica. Después de las agresivas
campañas contra el tabaco,
Fuente:
Matías Loewy y Gonzalo Argandoña
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